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clases de alemán para niñosLas clases de alemán para niños contemplan al mismo tiempo la prodigiosa capacidad en esta etapa de absorber conocimientos partiendo desde la imitación de la música del idioma (la entonación melódica sin acento) y la necesidad de entretenimiento variado, lúdico, artístico y exploratorio.

¿Por qué clases para niños?

La mejor edad para aprender un idioma extranjero es en la niñez, donde la región cerebral en la que se aloja el aprendizaje es la misma que la de la lengua materna. Los niños no traducen mentalmente al incorporar la nueva lengua, sino que jugando van razonando y expresándose en alemán sin esfuerzo.

¿Cuántas clases para niños se requieren?

Una frecuencia de 90 minutos semanales, reforzadas por canciones que pueden practicar a diario basta para que en poco tiempo los niños se apropien de la herramienta comunicativa que tanto mas esfuerzo le presupone a los adultos.

¿Dónde se dictan las clases para niños?

El "Estudio Cabildo" provisto de un atril y mesas para que los niños puedan colorear con témpera las palabras del vocabulario que adquieren se perfila como el espacio ideal para pegotearse, enchastrar, experimentar con colores, recortar cartulinas y combinar tarjetas durante los juegos. Sito a escasas cuadras de Cabildo y Juramento, el acceso es fácil y la atmósfera amigable.

¿Quiénes son los profesores alemán que enseñan a niños?

La tierna paciencia, la observación y capacidad empática de comprender cuáles son las aptitudes naturales más acentuadas de cada niño o niña. La facultad de reorientar ágilmente sus anárquicas inquietudes sin dejarlos librados al capricho de su impulsividad nos obligaron a contratar a las mejores docentes nativas con experiencias en historia del arte, puericultura y consideración por los logros esperables en cada etapa del proceso de enseñanza-aprendizaje. A los capitales simbólicos y credenciales sociales obtenidas en su calidad de pedagogas les exigimos un conocimiento específico de la dinámica de grupos y la animación. Es por eso que tanto Ana, como Patricia, constituyen nuestro orgullo para esta ambiciosa pero deleitable tarea